Rol del hemisferio derecho del cerebro en el desarrollo de la futura capacidad para regular las emociones.

¿Puede influir el tipo de experiencia traumática vivida durante la infancia en el desarrollo posterior de un menor?, por María Verónica Jimeno Jiménez
22 Febrero, 2016
Niño/as con características de apego desorganizado-controlador
4 Abril, 2016

Rol del hemisferio derecho del cerebro en el desarrollo de la futura capacidad para regular las emociones.

AllanSchore

Allan Schore

Conforme más leemos y aprendemos de los grandes autores y en la medida que vamos tratando más y más niños y adolescentes víctimas de malos tratos con afectación grave al primer vínculo de apego, con más convicción creemos que la influencia de un adulto -con tendencia a la estabilidad emocional en su personalidad, con capacidad empática y representaciones mentales de apego seguras- es de vital trascendencia en la vida de los niños/as. La mente humana se construye con la intervención de otra mente. Esto todavía sorprende a bastantes personas. Hay adultos que consideran que el niño/a, por edad, debería tener ya desarrollada una madurez para comportarse regulada y estructuradamente. “Tienes ya doce años, tendrías que ser capaz de estudiar solo y recoger tu cuarto” Como si el sistema nervioso del ser humano, per se, incorporara los aprendizajes sin intervención de la experiencia. No importan los años que el niño/a tenga. Si no se ha hecho con él/ella un trabajo donde los adultos le den permanencia para estabilizar hábitos, intenciones, emociones y pensamientos (sobre todo y ante todo cuando trabajamos con menores que no tuvieron la experiencia de una permanencia suficiente con un adulto a edades tempranas, donde se construyen los fundamentos básicos para desarrollar el sentido de uno mismo), es complicado que una persona menor de edad pueda hacerlo por sí solo/a.

Recientemente hemos incorporado las aportaciones de Allan Schore, un eminente neuropsicólogo que ha estudiado el apego y su relación con el desarrollo cerebral y la creación de las estructuras y redes neurales que permiten la regulación emocional.La teoría del apego es una teoría de la regulación”, dice Shore. Un adulto ha de regular al niño tempranamente y durante el tiempo que precise, si queremos que en un futuro se auto-regule. Y esta acción regulada externa tiene poderosas influencias en el desarrollo cerebral.

Donde más vamos a notar esta dificultad regulatoria del niño/a en el futuro (si tempranamente no hubo un adulto que hiciera esta tarea, desde bebé, con el menor) es en el manejo del estrés. La gran mayoría de padres y madres que tienen niños/as en acogimiento familiar o hijos/as adoptivos cuyo denominador común son los tres primeros años de vida con cuidados de baja calidad, expresan las grandes dificultades que tienen los menores para gestionar el estrés en general (los deberes escolares, la novedad, la incertidumbre, el cambio de planes…) y/o modular el deseo (manejar las emociones y los impulsos para demorar la gratificación, tolerar una frustración, perseverar ante la dificultad…) Y es que como Allan Schore nos dice: “El desarrollo de la habilidad para afrontar adaptativamente el estrés está directamente y significativamente influenciada por las interacciones tempranas con el cuidador primario”

La labor del cuidador es crucial, orquesta el desarrollo genético cuyas instrucciones vienen en el ADN, el gran libro de instrucciones, como dice mi amigo y colega psiquiatra Rafael Benito Moraga. Lo importante también es, sin duda, la competencia del cuidador porque “incluso sutiles diferencias en los cuidados pueden afectar el desarrollo del apego del infante y el bienestar físico” Esto quiere decir que a veces, damos por sentado que un cuidador es competente porque alimenta al niño y lo tiene con él o con ella. Sin embargo las sutilezas, los detalles más trascendentes se juegan en la capacidad de establecer una sincronía afectiva y una danza no verbal regulatoria y contenedora de los afectos e impulsos del menor, incluyendo los indeseados, y ser capaz de devolver esto al infante de un modo reflexivo, como apunta Peter Fonagy, otro grande de la teoría del apego e investigador y creador de la teoría de la mentalización.

Una ruptura en la relación temprana de apego o una relación de apego perturbada, como lo es el apego desorganizado, tienen grandes influencias como factores de vulnerabilidad para el desarrollo de un gran abanico de trastornos psiquiátricos en la edad adulta. Allan Schore nos dice que “un postulado fundamental en psiquiatría clínica sostiene que la principal fuente de estrés precipitante de trastornos psiquiátricos implica la respuesta afectiva a una ruptura o pérdida de una relación significativa”.

Por ejemplo, pensemos por un momento en los menores de acogimiento residencial: suelen presentar alteraciones en el vínculo de apego (en un tanto por ciento elevado, apego desorganizado) que si co-ocurren con otros indicadores graves de desprotección (unida a la incapacidad severa y crónica de sus progenitores para ejercer la crianza como padres) conlleva la retirada de la tutela y/o guarda y el ingreso en un centro de menores donde han de enfrentarse al dolor de numerosas pérdidas que pueden volver a producirse: además de trabajar el duelo para asimilar la incapacidad de dichos padres, se suman otros duelos como los cambios de centro por edad, de colegio (a veces, al cambiar de centro), de compañeros de centro que formaron parte de su vida, educadores… Por ello, algunos (si no reciben el acompañamiento educativo y terapéutico de calidad que precisan para hacer un proceso resiliente) desarrollan múltiples patologías psiquiátricas.

bebe-mama-risa-amor-165963-300x225

La labor del cuidador es fundamental para que el bebé siente las bases neurofisiológicas de la futura regulación emocional adulta.

Cualquier lectura, trabajo e intervención psiquiátrica y psicológica que excluya esta visión de duelos (a veces en cadena) repetidos, a veces no resueltos, y dolorosísimos, como factores directamente relacionados con la aparición y mantenimiento de dichas patologías es una visión sesgada, incompleta e insuficiente. Centrarse en causas genéticas (o sólo genéticas) para explicar las depresiones, los problemas de conducta, la hiperactividad, la ansiedad o la psicosis que presentan muchos de estos menores es sumamente incorrecto. Eso abunda en la no necesidad de mejorar las condiciones de vida familiares, emocionales y sociales de estos niños y jóvenes, puesto que las causas son genéticas. No podemos excluir ni a los genes ni al ambiente como variables explicativas de los trastornos mentales; y en el caso de los menores acogidos o adoptados, menos aún.

Incluso las explicaciones neurológicas que ofrecemos en este blog son explicaciones no aisladas de lo social. El cerebro es un órgano social creado para conectar con los otros desde el principio. Si en la especie surgió la necesidad de crear un vínculo de apego es porque para nosotros la necesidad de vincular con los demás (primero el vínculo de apego con los padres, luego otros vínculos afiliativos también importantes) fue de vital importancia para sobrevivir: crear relaciones de colaboración hizo que los humanos creáramos civilizaciones.

Por ello, las explicaciones neurológicas basadas en disfunciones en el desarrollo cerebral de los niños y niñas estresados tempranamente por vínculos de apego inseguros son de neurobiología interpersonal: las relaciones humanas crean el cerebro.

Allan Schore ha abundado magistralmente en su libro “Affect Dysregulation and Disorders of the Self (“Disregulación Afectiva y Trastornos del Self”) en el papel que el hemisferio derecho del cerebro juega en la aparición de diversos trastornos psiquiátricos. Como sabéis, el hemisferio derecho es predominante durante los dos-tres primeros años de vida del ser humano. Y es totalmente dependiente de la experiencia (relación de apego temprana con un cuidador competente) para que las redes neurales se desarrollen eficientemente, redes que intervienen decisivamente en las primeras experiencias de apego seguro que sientan las bases de la futura capacidad adulta para regularse y afrontar el estrés adaptativamente.

9780393704068

Shore refiere en el mencionado libro que “los estudios neurobiológicos indican que el hemisferio derecho, el cual más que el izquierdo está profundamente interconectado con el sistema límbico (sede cerebral del mundo emocional) y está fundamentalmente implicado en la respuesta y el afrontamiento del estrés, experimenta un espectacular crecimiento en la infancia temprana. Las áreas límbicas del córtex están en un intenso estado de mielinización (haz click aquí para saber qué es la mielinización) desde la mitad del primer año hasta la mitad del segundo año y muestran una maduración anatómica al final de este periodo” Es por lo tanto, un período muy crítico en la vida de todo ser humano.

“La investigación psicobiológica indica que los sistemas de desarrollo estresados prenatalmente muestran desde el nacimiento una alteración de los niveles de dopamina en el hemisferio derecho y alteraciones de la emocionalidad. Niños diagnosticados como de alto riesgo para la esquizofrenia exhibían tempranamente déficits neurointegrativos tempranos, reflejando desregulación de los sistemas hipotalámicos y de activación reticular” Y así Shore nos ilustra un buen número de estudios que dan cuenta de cómo se ve afectado el cerebro por el maltrato temprano por la enorme sensibilidad y crecimiento del hemisferio derecho, sede del inconsciente, de la memoria implícita. El lector interesado puede acudir al libro y revisar los mencionados estudios.

Lo que más nos importa a nosotros es que “existe cada vez más evidencia científica de que los déficits asociados a este hemisferio derecho persisten hasta que el individuo llega a la infancia” “Una pérdida de interconexiones (parcelación extensiva) dentro del desarrollo temprano del hemisferio derecho del niño está asociado a un déficit de la percepción social que conlleva una dificultad en evaluar las expresiones faciales, gestos o prosodia. Estos niños están en riesgo para el aprendizaje de habilidades no-verbales” Algo que Shore ha denominado “Síndrome del desarrollo del hemisferio derecho” “Este síndrome no se reconoce hasta que el niño no ha entrado en la escuela e incluye: maladaptación a diferentes situaciones, dificultad para mantener amistades, conductas de timidez excesiva y evitación del contacto ojo a ojo” Y este tipo de déficits son bastante frecuentes en menores que han sido institucionalizados. Algunos pueden ser diagnosticados de autismo, incluso. Cuando puede deberse a un trastorno del apego.

Schore afirma “que pueden existir dificultades crónicas para regular las emociones. Las limitaciones funcionales en este aspecto reflejan déficits metabólicos y estructurales en los sistemas frontolímbicos (que unen lóbulo frontal con el límbico) y que contienen conexiones con las áreas corticales y subcorticales y son las sedes sobre las que se asienta la psicopatogénesis” Los entornos relacionales tempranos, graves por su negligencia afectiva o maltrato generaron una “inestable capacidad derecha para evaluar y guiar la conducta”

Todo ello nos sugiere la enorme trascendencia de las intervenciones tempranas que garanticen el derecho de los niños y niñas a crecer con adultos que puedan potenciar y crear con sus mentes seguras hemisferios derechos que en el futuro sean capaces de regular las emociones y guiar la conducta adecuadamente.

Además, Allan Schore nos ha inspirado para introducir en la psicoterapia (y creo que, por qué no, también en las intervenciones educativas) un nivel de relación no verbal con el niño que repare -o contribuya a reparar- este hemisferio derecho lo más posible y gane en riqueza y regulación. Tanto porque por efecto del abandono nos encontremos con un niño/a apagado emocionalmente, con un rostro inhibido, poco expresivo, que rechaza el contacto ocular (más propio de un abandono donde el hemisferio derecho es un desierto emocional en cuanto a contenido no verbal) como si hemos de trabajar o relacionarnos con otro menor que habiendo vivido maltrato no se regula -en la esfera de la hiperactivación- y en su hemisferio derecho están depositadas la pena, la ira, la agresividad, las sensaciones de desconfianza, de daño interno… Shore no dice que estos menores “tienen que reestructurar no los contenidos inconscientes sino el mismísimo inconsciente”

Por ello, hemos de tener una relación a nivel no-verbal con ese niño o niña que acude a nuestra consulta o centro de acogida. O si somos padres adoptivos o acogedores, ir poco a poco estableciendo (desde el juego, que no es amenazador) cercanía física, contacto ocular progresivo, comunicación gestual… Todos los componentes que suponen ese conocimiento relacional implícito que puede en el aquí y ahora desarrollarse -e incluso modificarse- gracias a una experiencia de sintonía y conexión emocional profundas con nuestros niños/as y jóvenes.

Ponemos punto y final al post de hoy con la picada. Recientemente, el portal psiquiatría.com difundió una noticia que divulgaba una investigación que apunta que los genes no son el destino. Me parece adecuado cerrar con la misma porque nos viene muy bien con el tema que hemos expuesto hoy en el que hemos constatado como el cerebro se construye bajo la influencia del ambiente y que ambos son inseparables. Atención a una de las conclusiones: las personas con un determinado tipo de composición genética son más vulnerables emocionalmente en un ambiente negativo; ¡pero en un ambiente de apoyo esas mismas personas tienen posibilidades de prosperar!. Esta investigación apoya cien por cien el que destinemos todos los recursos psicosociales a los menores y a las personas adultas afectadas por trastornos porque gracias a los mismos pueden evolucionar positivamente. El artículo completo ha sido publicado en septiembre de 2015 en la revista British Journal of Psychiatry. Os dejo un resumen:

Las personas con un cierto tipo de gen resultan más profundamente afectadas por sus experiencias de la vida, según revela un nuevo estudio. Los hallazgos desafían el pensamiento tradicional sobre la depresión, al mostrar que lo que podría considerarse como un gen de riesgo para la depresión en un contexto, en otro puede ser beneficioso.

Investigadores de la Universidad de Melbourne, en Australia, estaban interesados en saber por qué algunos, pero no todos los adultos, que han sufrido abuso sexual o físico cuando eran niños llegan a desarrollar depresión a largo plazo.

La investigación, publicada en ‘British Journal of Psychiatry Open’, se centró en un gen particular, conocido como SERT, que transporta el químico regulador del estado de ánimo, la serotonina. Cada persona tiene uno de los tres tipos de genes SERT: largo-largo (l/l), corto-largo (s/l) o corto-corto (s/s).

El equipo de investigadores analizó el ADN de 333 personas de mediana edad con ancestros del norte y oeste de Europa y registró sus síntomas depresivos cada año durante un periodo de cinco años. Los individuos con el genotipo s/s (23 por ciento) que habían experimentado abuso sexual o físico cuando eran niños eran más propensos a sufrir síntomas depresivos severos en la mediana edad, mientras los individuos con este mismo genotipo pero sin antecedentes de abuso eran más felices que el resto de la población.

Los investigadores, de los departamentos de Psiquiatría y Medicina General de la Universidad de Melbourne, dicen que los hallazgos desafían el pensamiento tradicional sobre la depresión. En el futuro, el gen puede ser una señal de susceptibilidad de una persona a la depresión, sobre todo si tiene un historial de abuso, y puede ayudar a los médicos a identificar a pacientes que necesitan ayuda adicional para recuperarse de la depresión.

El investigador principal, el doctor Chad Bousman, afirma que aunque la relación entre el gen SERT y la depresión se ha estudiado antes, nunca se ha examinado en el tiempo. El seguimiento de esta relación durante más de cinco años proporciona información detallada sobre los cambios en los síntomas depresivos a lo largo del tiempo.

Bousman cree que esto podría ofrecer esperanza a las personas que sufren de depresión clínica. “Nuestros resultados sugieren que algunas personas tienen una composición genética que las hace más susceptibles a los ambientes negativos, pero si están en un ambiente con apoyo, estas mismas personas tienen probabilidades de prosperar”, afirma Bousman.

A su juicio, se trata de una buena noticia para las personas que sufren de depresión y los profesionales de la salud que las tratan. “Usted no puede cambiar su genotipo o volver atrás y cambiar su infancia, pero puede tomar medidas para modificar su entorno actual. También significa que no es tan sencillo como decirle a una persona que, debido a que tienen un gen de riesgo, está condenado. Esta investigación está demostrando que no es así”, detalla.

“Los genes de una persona por sí solos no son suficientes para determinar cómo podrían experimentar depresión. Esta investigación revela que lo que puede ser considerado como un gen de riesgo en un contexto, en realidad puede ser beneficioso en otro. Así que esto se opone directamente a la noción de determinismo genético, la idea de que los genes definen el destino”, añade Bousman.

Cuidaos / Zaindu

1 Comment

  1. Juli dice:

    Jose Luis,
    Muchas gracias por tu artículo. Muy interesante de contenido y explicado de manera muy sencilla y entendible.
    Me anima muchísimo ver cómo las investigaciones neurológicas respaldan lo que hace años vengo observando y trabajando.
    Totalmente dedicada a acompañar a los padres y profesionales a contruir esta relación interpersonal sana y nutritiva con los niños y adolescentes.
    Identificar, poner nombre, validar y reflejar los setimientos y necesidades de los niños en vez de negarlos o ignorarlos, es la piedra angular para crear esa relación nutritiva y de vínculo sano. Y trabajarnos para volvernos cuidadores competentes y nutritivos, es una de mis pasoones, asi como acompañar a otros adultos a darse cuenta y profundizar en sí mismos y trabajar con sus recursos internos.
    Empecé este camino decla mano de Carl Rogers, y llegue a Faber y Mazlish y con su taller Cómo hablar para que tus hijos escuchen y cómo escuchar para que hablen, trabajo la creación de un apego seguro con herramientas muy practicas, para el día a día,.
    Que el título no os engañe; el hablar y el escuchar, incluye tanto el verbal, como el no verbal.
    Muchas gracias Jose Luis

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *