Eduardo Chillida, apego e integración cerebral

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Eduardo Chillida, apego e integración cerebral

Con esta entrada de hoy me ha sucedido (mejor dicho, nos ha sucedido) algo muy curioso y sorprendente que quiero compartir con todos/as vosotros/as antes de desarrollar el apasionante tema de hoy. Como tengo el permiso de la otra persona implicada y, además,  apoya que lo comparta con todos/as vosotros/as, lo voy a hacer. Porque es una experiencia de cómo en lugares distintos pero con personas que sintonizan y conectan con una misma manera de concebir las intervenciones psicoterapéuticas y psicoeducativas, se producen casualidades o coincidencias que más bien son auténticas serendipias. 

El viernes día 30 de noviembre anuncio por facebook y twitter que el post de hoy tratará sobre apego, el arte de Chillida y el cerebro. Al poco, Iñigo Martínez de Mandojana, del blog hermano Dando Vueltas (que ya lo conocéis: nos regala reflexiones impagables; con ambos autores, Iñigo y Sagra, comparto una visión común pues trabajamos desde modelos sistémicos y vinculares), me envía un guachap y me dice: “¡Ja, ja, ja…! ¡Qué fuerte! Me has pisado un post: intervenciones Chillida, ¡qué bueno!” Es decir, mostrando sorpresa y a la vez alegría y asombro de haber pensado los dos lo mismo sin comunicarnos ni una palabra el uno con el otro pero habiendo tenido la misma idea contemplando las obras de arte de Chillida.

Yo también le muestro mi perplejidad y alegría por esa coincidencia. “Trabajamos en una misma longitud de onda, luego no es tan improbable que podamos llegar a concebir ideas similares sobre temas para los posts”.- Pienso

Seguimos indagando y profundizando y llegamos a la conclusión de que los posts en verdad son iguales pero distintos. Vamos a lo mismo pero por caminos diferentes. Como Iñigo me dijo acertadamente: “mentalizar en la distancia” Y yo, que ya sabéis que me pierde la gastronomía, uso una metáfora de este tenor para añadir: “Mismo buen producto pero distintas elaboraciones”

Y como la anécdota considero que tiene su miga y su punto alucinante, he querido abrir el post de hoy contándoosla. Me llena de satisfacción compartir lugares comunes con mi blog hermano Dando Vueltas y con la manada de gente buena, como dice Barudy, de la que forman parte esos seres humanos maravillosos que son Sagra e Iñigo, a los cuales tendréis la ocasión de conocer y disfrutar en las “II Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil” porque van a participar en una mesa de conversaciones.

Dicho lo cual, empezamos a desarrollar el tema de hoy.

Uno de los lugares más mágicos que he tenido el placer de visitar, un sitio grávido de honduras, donde experimentas muchas emociones, donde sientes una conexión espiritual con el mundo y el universo, es el Museo Chillida Leku. Es un museo al aire libre, con verdes praderas propias de Gipuzkoa, donde se alza el Caserío de Zabalaga, en el cual el maestro decidió que era el espacio ideal para exponer su obra y que el público pudiera disfrutarla. Las esculturas se funden con la naturaleza y están en perfecta armonía con el entorno. Distribuidas inteligentemente por toda la finca, conforman un paraje sin parangón y un museo absolutamente diferente al resto pues el visitante puede interactuar con las esculturas (excepto con las del interior del Caserío): tocarlas, sentarse… e incluso sentirse parte de ese espacio (puedes meterte dentro de las esculturas que por su diseño, lo permitan) Además, es posible –uno solo o en compañía- caminar por el museo, libremente, y verlo y sentirlo como te plazca (Hay también visitas guiadas)

El museo está en Hernani, Gipuzkoa, a unos quince minutos en coche desde Donosti. Está cerrado al público como museo pero como fundación privada y previa solicitud a los rectores del mismo, si éstos la aceptan, se puede concertar una visita. Yo lo hice en verano, en agosto, acompañado de una amiga. Tuvimos la suerte de verlo en un soleado día guipuzcoano en el cual las distintas tonalidades verdes de las praderas y los montes de esta tierra ofrecen tantas variedades que ningún pintor podría reflejarlas en sus cuadros. Chillida Leku (Sitio o Lugar Chillida, en euskera) está en Hernani, pero tiene una vocación universal. Yo lo sentí al entrar y hollar con mi pie el lugar. Y parece que no me equivoqué porque Eduardo Chillida dice: “Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Lo ideal es que seamos de un lugar, que tengamos las raíces en un lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo…”

Estando en Chillida Leku le dije a mi amiga que viendo y sintiendo la profundidad que emana de la obra de este genial e internacional artista, orgullo de los guipuzcoanos, las musas acudieron en mi ayuda y brotó en mí una asociación entre integración cerebral, apego y esculturas de Chillida. Y que escribiría un post en Buenos tratos para brindárselo a todos y todas mis queridos y queridas lectores y lectoras. Uno de esos post que a veces os pido me permitáis escribir, que os parecen raros e incluso os dan ganas de dejar de leer porque no son como los otros, más convencionales. Entradas en el blog en las que a partir de películas, libros o series de televisión hablamos de nuestros temas favoritos (apego, trauma, resiliencia…) Pero creo que son posts que al acabarlos os pueden hacer comprender los contenidos de una manera mucho más plástica (porque dichos conceptos los plasmamos en objetos)

Que conste que me acerco al arte de una manera totalmente emocional, no tengo conocimientos ni criterio para discernir sobre la filosofía que subyace a las esculturas u otras manifestaciones artísticas, ni mucho menos soy tan osado como para hacer una crítica de la obra de un genio como Chillida. No pretendo eso. El post de hoy tan solo es lo que se me antojaron que podrían representar algunas de las esculturas de Chillida y su paralelismo con los tipos de apego. Vi en algunas de ellas una alegoría de los tipos de apego descritos por Ainsworth. Una alegoría es un tema artístico que representa una idea (los tipos de apego) valiéndose de objetos (algunas esculturas de Eduardo Chillida) Y eso es lo único que quiero transmitiros.

El apego evitativo

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He elegido esta escultura como podría haber escogido cualquier otra que tuviera exclusivamente forma cúbica. Hay bastantes obras de Chillida que son así, sin ninguna línea curva. Personalmente, dentro de la obra del autor, me gustan menos las formas cúbicas que las que usan líneas curvas y rectas en una sola representación.

Esta escultura me recordó al apego evitativo porque como ya sabéis (si no, repasáis los post sobre apego) los niños que tienen una disposición (es sólo una disposición a comportarse conforme a este patrón de apego) evitativa suelen tender a minimizar la emoción y maximizar la independencia, la lógica, separando el lenguaje de los sentimientos. Tienden a ser prácticos y funcionales, las relaciones se viven como algo más secundario y no dependen de la aprobación de los demás. Algunos pueden llegar a ser cuadrados de mente (como esta escultura) en el sentido de rígidos en sus planteamientos y un tanto obstinados. Inteligentes, argumentan excelentemente bien sus posturas. Dan Siegel dice en su libro “El cerebro del niño” que “…el lado izquierdo desea y disfruta con el orden. Es lógico, literal, lingüístico y lineal (¿no es lineal esta escultura de Chillida?) A nuestro cerebro izquierdo le encanta que estas cuatro palabras empiecen por la letra “l” El cerebro izquierdo se preocupa por la letra de la ley, al contrario que el derecho, que le importa más el espíritu de la ley”

Siegel nos dice en este libro que los niños con disposición hacia un apego evitativo presentan una prominencia en la actividad del hemisferio izquierdo. Cuando el menor de edad tempranamente fue rechazado, maltratado o sus intentos de conexión y sintonización emocional ignorados, ninguneados e incluso despreciados, se produce una falta de integración horizontal en su cerebro que le lleva a aprender tempranamente la defensa de la desactivación de las necesidades de apego, de tal modo que entrar en vinculación emocional íntima será muy complicado, y el mundo interno puede ser un desierto emocional. Siegel afirma que si estos niños llegan a la edad adulta sin haber tenido una experiencia modificadora de esta tendencia inicial (aprendida en el contexto de una relación de apego con los primeros cuidadores la cual potenció esta propensión al vínculo evitativo) en la edad adulta, cuando se les administra una entrevista de apego adulto, se puede afirmar que su biografía es como acceder a un desierto emocional.

En la psicoterapia nos costará mucho que puedan acudir a la misma y estar cómodos en una relación que supone entrar en intimidad emocional con alguien. Wallin refiere que con este tipo de niños, y especialmente con los adolescentes, hemos de movernos con maestría (es un arte relacional) entre la sintonización empática (que pocos muestran con ellos) y la necesaria confrontación (que tan mal viven algunos de ellos)

Tenemos que tratar de introducir curvas en su modelo mental, que como artistas trabajemos en su escultura intentando construir con ellos formas más redondas (simbólicamente más asociadas con las emociones, la flexibilidad mental, la acogida más cálida y menos distante que se me antoja lo cúbico) pero sin eliminar las líneas rectas que también son necesarias (pues no olvidemos que todo patrón de apego tiene un por qué, y a estos niños les ayudó desarrollarlo pues con el mismo sobrevivieron. Honramos siempre su patrón de apego, pero tratamos de que en sus relaciones actuales, ya no tan necesitadas de esa protección lineal y con aristas que pueden pinchar, emerja la concavidad que representa entrar en conexión con el otro y vivir el sentirse sentido)

Hay que tener mucha paciencia, hacer modificaciones en esta escultura no es nada fácil. Puede vivirse como una injerencia y una amenaza a la esencia de quién soy. Cierto. Con la experiencia de ir entrando en sintonía y en conexión emocional con los niños “de a poquitos” como dice mi profesora Maryorie Dantagnan, a la larga se podrá conseguir. La pasada semana asistí en terapia, tras tres años, a la eclosión emocional de una adolescente que está siendo capaz de quitarse el duro corsé que es la disposición evitativa. Fue una experiencia de sentirse sentida única e irrepetible. Tiene que haber un otro muy sensible para el niño o adolescente con disposición evitativa, para recogerle, y para que éste pueda sentir contención y dejarse ir también.

El apego ansioso-ambivalente

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Como veis, en esta escultura del maestro no hay casi ninguna línea recta. No hay formas cúbicas. Es toda ella una obra donde predominan las formas redondas, un tanto en bucle. Hay también varias esculturas del autor donde las redondeces de sus formas son predominantes y apenas hay visos de cuadraturas.

Se me antoja la alegoría del patrón de apego opuesto al evitativo: el ansioso-ambivalente. Como ya sabéis, los niños que tienen una disposición a mostrar este tipo de vínculo maximizan la emocionalidad y minimizan la independencia y la racionalidad. Son menos lógicos y literales. También les gustan las palabras pero para hablar mucho y sin que éstas ordenen su mundo emocional, muy intenso. Les preocupa mucho más el espíritu de la ley que la ley en sí.

El niño que desarrolló este modelo mental con respecto al apego, en las primeras interacciones con sus cuidadores, caracterizados éstos por un patrón inconsistentemente inconsistente en los cuidados y atención emocional (tuvieron una tendencia relacional con el niño como el intermitente de un coche), pudiendo en ocasiones sintonizarse, empatizar y satisfacer sus necesidades emocionales, incluso a veces en exceso, invadiendo si el niño no se sentía predispuesto a ello; y en otras ocasiones, no conectando con el menor e incluso ignorándole y haciéndole sentir que no hay nadie para calmar sus emociones (angustia, miedos, tristezas…) El infante que crece con un patrón de apego de esta naturaleza se desarrollará muy preocupado por su propia angustia no suficientemente calmada y muy preocupado también por la disponibilidad de su figura de apego. Le costará separarse y explorar el mundo que le rodea porque el cuidador no ha sido base segura.

Dan Siegel dice que quien muestra esta disposición, tiene una predominancia del cerebro derecho“…el cerebro derecho es holístico, no verbal, y envía y recibe señales que nos permiten comunicarnos, como las expresiones faciales y el contacto visual, el tono de voz, las posturas y los gestos. Nuestro cerebro se ocupa de la impresión general –significado y sensación de una experiencia- y se especializa en las imágenes, las emociones y los recuerdos personales” Por ello, el niño con disposición ansioso-ambivalente en la psicoterapia, las primeras sesiones, está muy pendiente de la impresión que nos puede estar causando porque inconscientemente tiene miedo de que le rechacemos. Suelen ser personas mucho más preocupadas por las relaciones que por las tareas o cosas, con una extrema necesidad de aprobación y que no suelen tener a priori tanto rechazo a entrar en intimidad emocional.

En psicoterapia tenemos que movernos con maestría para no rescatarles, incidir en su falta de recursos, salvarles, quedarnos transferencialmente amarrados a su victimismo… Hemos de ir muy despacito también, ofreciéndoles un estilo de vinculación terapéutica donde nuestra disponibilidad sea siempre la misma (no mayor en los momentos de dramatismo), en la que ahondemos en explorar (con dibujos, caja de arena, juego…) qué sentimientos subyacen a esa disposición y tratar de que desarrollen autonomía y recursos propios para resolver y hacerse cargo de su vida y desafíos con más seguridad.

Es necesario introducir las líneas rectas y las formas cúbicas en su patrón relacional. Porque como dice Siegel, no hay tampoco en el apego ansioso-ambivalente integración cerebral horizontal. Su cerebro derecho asume frecuentemente el control de sus vidas y sienten “…que se ahogan en imágenes, sensaciones corporales… un aluvión emocional”

El apego seguro o ganado a la seguridad

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Dice Siegel: “Dos mitades hacen un todo: combinar el izquierdo y el derecho” Como veis, esta escultura de Eduardo Chillida tiene una combinación perfecta de líneas curvas y rectas. Me gustan todas sus esculturas, pero unas más que otras. Y las que combinan líneas rectas y curvas en un todo armonioso que capturan el espacio, las que más.  Ésta situada en Gijón, titulada Elogio del Horizonte, es además como la base del apego seguro: firme y sólidaEn mi opinión es una de las alegorías del apego seguro (o ganado a la seguridad: personas que han reflexionado sobre su patrón de apego y han trabajado para conocerse y modificar su modelo mental y relacional, de tal modo que lo han conducido hacia la seguridad) y la integración cerebral horizontal.

El cuerpo calloso es un haz de fibras que discurre por el centro del cerebro, conectando el hemisferio izquierdo y el derecho. La comunicación que tiene lugar entre los dos lados del cerebro se lleva a cabo a través de esas fibras, permitiendo que los dos hemisferios trabajen en equipo, que es exactamente lo que deseamos para nuestros niños. Que el niño con disposición a vincularse evitativamente pueda abrirse a las emociones y no destierre y desprecie las mismas, y el que tiende al estilo ansioso-ambivalente pueda ser capaz de que el lenguaje y la cognición den sentido y ordenen sus cataratas emocionales, muchas veces angustiantes.

Necesitamos influir en ese cuerpo calloso (que está alegoricamente ahí, en esta escultura donde las líneas rectas y curvas se unen) del niño para que se produzca progresivamente esa integración horizontal. El infante necesita de los adultos para hacer ese trabajo. Solo es imposible que lo haga, máxime si las disposiciones están muy arraigadas. Los padres, familias, psicoterapeutas, terapeutas, educadores, maestros, médicos, psiquiatras… necesitan ser adultos con un estilo de apego seguro o ganado a la seguridad. Mario Marrone, experto en la teoría y psicoterapia del apego, sostiene acertadamente que más bien cabría hablar siempre del apego en relación al otro. Esto quiere decir a mi juicio, que los niños pueden traer unas tendencias de sus primeras experiencias tempranas y nosotros, como padres o profesionales, con ese niño, podemos cambiar esas tendencias porque se podrán vincular en relación a nosotros de modo ganado a la seguridad si somos capaces de transmitirla (límite, permanencia y regulación de las emociones) ¿Cómo? He aquí unas pistas:

Conectándonos con el niño emocionalmente cuando éste se vaya mostrando dispuesto y confiado. COMPRENSIÓN, RESPETO Y ACEPTACIÓN FUNDAMENTAL.

Así vinculamos con el niño, como este grabado tan bello de Eduardo Chillida: integración.

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Sintonizando y resonando con el niño,  ayudándole a captar los gestos, las entonaciones, los códigos no-verbales… a través de la relación, propiciando que pueda conectar con ellos sin predecir daño, dolor, terror…, favoreciendo que los elabore de una manera positiva, dándole la etiqueta verbal adecuada.

Activando, si es un niño/a emocionalmente desconectado, su hemisferio derecho mediante técnicas específicas expresivas que le permitan conectar con sus emociones (Apegos evitativos)

Activando, si es un niño/a más propenso a la no reflexión, su hemisferio izquierdo mediante verbalizaciones que le permitan poner palabras y metacognición a sus vivencias (Apegos ansioso-ambivalentes)

Gracias Eduardo Chillida y equipo de la Fundación, por permitir que el visitante se sienta ¡tan bien! en vuestra casa. Fue una tarde inolvidable de un cálido y soleado día de agosto. Quedará para siempre en mi memoria.

portada-Mariposas-e1445208600519Picada de hoyrecientemente hemos tenido la noticia de la aparición de un libro escrito por madres. Madres adoptivas que nos cuentan sus experiencias. Porque sienten mariposas en el corazónTan genuino e intenso es su sentimiento que ellas han querido que forme parte del título. Aún no he tenido la oportunidad de leerlo, lo tengo ahí, en espera. Prontito caerá en mis manos y gustosamente podré opinar del mismo. Pero desde luego, me atrae mucho acercarme a él. Desde ya os recomiendo que lo hagáis, pues lo que María Martín Titos, coordinadora y autora del libro, nos muestra, a modo de reseña, me lleva, con la fuerza de un imán, a comprarlo“Durante los años de espera me había preparado para ser madre. Había asistido a infinidad de charlas y talleres, todos impartidos por grandes profesionales, y ahora era muy difícil poner en práctica lo aprendido. Siempre me habían dicho que con mucho amor todo se cura, y amor no era lo que faltaba en mi vida, precisamente… Fueron en esos momentos cuando eché de menos saber que no era la única que pasaba por esta realidad, y que mis sentimientos, temores y necesidades eran compartidas por una gran parte de las familias adoptivas”

“Mariposas en el corazón reúne las experiencias de cinco familias adoptivas, con historias suficientemente distintas entre ellas como para que quien las lea pueda hacerse una idea realista de lo que supone formar una familia por esta vía. Este libro no está sólo dirigido a familias adoptivas o en proceso de adopción sino también a sus familiares, amigos, profesores, psicólogos y otras personas cercanas que estén en contacto de alguna manera con la adopción”

Desde esta preciosa web que han creado, podéis acceder a las presentaciones en vídeo que cada una de las autoras ha hecho, a la mencionada reseña y también a comprarlo. Lo bueno es que se puede adquirir en e-book, así que todas las personas residentes fuera de España pueden hacerse cómodamente con el mismo. También se distribuye en edición impresa.

Desde estas líneas mi más cálida felicitación a las autoras. Un libro escrito por madres, con otra visión que no es la de los profesionales (personalmente, su punto de vista me interesa mucho), y espero nos transmitan sus mariposas desde su corazón al nuestro.

Hasta dentro de quince días, Buenos tratos regresa el 16 de noviembre con la firma invitada del mes: Naiara Zamora Berrondo, psicóloga y psicoterapeuta infantil, nos hablará de la psicomotricidad relacional en un atractivo e interesante post que expondrá los beneficios de este abordaje psicoterapéutico sobre todo para los niños más pequeños, ideal para contribuir al fomento de un apego seguro.

Cuidaos / Zaindu

Bibliografía utilizada para elaborar este post

  1. La Teoría del Apego: Un Enfoque Actual

Mario Marrone

Madrid: Psimática, 2001  – Segunda edición 2009

Prólogo por Hugo Bleichmar

Con contribuciones de Luis Juri y Nicola Diamond.

  1. El cerebro del niño

Dan Siegel y Tina Payne Bryson

Barcelona: Alba, 2013

  1. El apego en psicoterapia

David J. Wallin

Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012

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