“Autolesiones, las cicatrices del trauma”, por Ana Isabel García Arpa, psicóloga y traumaterapeuta.

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“Autolesiones, las cicatrices del trauma”, por Ana Isabel García Arpa, psicóloga y traumaterapeuta.

Diez meses, diez firmas IV

Profesional invitada en el mes de marzo de 2019:

Ana Isabel García Arpa
Psicóloga y Traumaterapeuta de IFIV

Título de su artículo:
“Autolesiones, las cicatrices del trauma”

Presentación

No he coincidido apenas con Ana Isabel García Arpa, nos hemos conocido en el marco del Postgrado de Traumaterapia Infanto-juvenil sistémica de Barudy y Dantagnan, en Barcelona. Sin embargo, como dice Cyrulnik, “un encuentro puede ser significativo”. Vaya que sí. Es motivo de orgullo que las nuevas generaciones de traumaterapeutas pertenecientes a la Red Apega de profesionales colaboren con el blog mostrando y compartiendo su saber y conocimientos y que, además, brillen, como lo hace Ana Isabel con este magnífico trabajo. Me llena de satisfacción su generosidad al entregar sin pedir nada a cambio su esfuerzo intelectual para elaborar este excelente artículo con el fin de que todos/as (padres, madres, familias, profesionales…) aprendamos sobre las autolesiones, un tema que nunca se había abordado desde este blog y que era necesario tocar porque es un fenómeno que ha aumentado e indica la gravedad del estado psicológico en el que se encuentran cada vez más jóvenes. En el contexto de unos mails que nos intercambiamos con motivo de una investigación que junto con IFIV Ana Isabel García va a emprender sobre la eficacia científica de la traumaterapia, surgió la posibilidad de que ella escribiera sobre este preocupante tema. Dicho y hecho. Muchísimas gracias de todo corazón, Ana Isabel García, por participar desinteresadamente, por hacer y construir Buenos tratos. Ya formas parte del ilustre elenco de colaboradores y colaboradoras (la nómina aumenta mes a mes y año a año) contribuyendo con este completo, riguroso, emotivo y a la vez clínico artículo.

Ana Isabel Garcia Arpa. Viví mi infancia en un pequeño pueblecito de la provincia de Valladolid, libre como un pajarito y ágil como una rana. Me encantaba ir en bici y esconderme en unas eras, mi campo de juego era todo el pueblo. Sin embargo, un día ese pueblo se le quedó pequeño a mi mente y me marché a estudiar psicología. Desde el primer día que entré por la puerta de la facultad de Salamanca supe que yo quería trabajar con niños y me enfoqué en ello.

Desde hace 5 años vivo y trabajo en Barcelona. En mi trayectoria profesional he trabajado en diferentes centros educativos y de la salud, interviniendo a nivel individual, con niños y adolescentes, jóvenes y personas en situación de violencia y a nivel familiar, asesorando a padres y promoviendo una parentalidad positiva. He colaborado con el Hospital Sant Joan de Déu. Gestiono e imparto talleres de prevención para niños, padres y profesores y soy formadora del proyecto “Eduquem en Familia” de la Diputación de Barcelona. Actualmente trabajo a nivel privado y me encargo del área de infanto-juvenil en el centro Psicoemocionat en Barcelona.

Además de la clínica, disfruto mucho con la investigación y en 2014 llevé a cabo un proyecto sobre violencia en el noviazgo a través de las nuevas tecnologías.

Por casualidad, como todas las cosas buenas de mi vida, descubrí a Jorge y Maryorie hace dos años, comencé la formación en Traumaterapia y desde el primer día supe que aquel era mi lugar. Tanto la formación como mis compañeras han hecho que pueda comprender el mundo desde los ojos de los niños traumatizados. Del mismo modo, he integrado en mi vida tanto profesional como personalmente el paradigma de los buenos tratos, y allí donde voy trato de difundirlo. Estaré eternamente agradecida a la Red Apega por este regalo.

Autolesiones, las cicatrices del trauma

Se retrasa unos minutos, siempre necesarios para que me dé tiempo a pensar si hoy habrá podido salir de la cama. Llega a mi consulta, su estilo es moderno y jovial.

Viene tapada por un sin fin de capas de ropa que van desapareciendo poco a poco a lo largo de la sesión. Me hace pensar si ese movimiento realmente refleja cómo me va enseñando su mundo interior.

Tiene 19 años y no ha tenido una vida sencilla, ha sufrido mucho.

Hoy tiene ganas de enseñarme un poco más de ella, y quiere leerme un texto que ha escrito.

Yo en silencio intento conectarme con su emoción. Ella lee:

“No es cómoda mi piel.

Sentir que no puedo ni con mi propio cuerpo. Quiero, necesito hacerme daño, sentir el dolor físico sobre mi piel y sobretodo, verlo, ver brotar la sangre, apretarlaherida hasta que la sangre roja fluya y se deslice por mi cuerpo. Me veo desnuda y me imagino heridas por todo mi cuerpo, las veo en mi mente y sé que necesito sentirlas de verdad sobre mi piel. Sentir como la cuchilla atraviesa y abre la piel en dos. A lo largo de los brazos, de los muslos, las manos y la tripa, por el pecho e incluso por la cara, desde los ojos hasta las mejillas. Lo necesito, siento que lo necesito, y así lo llevo a cabo. Sin olvidarme, claro está del fuego, que tantas veces me ha acompañado, un pequeño dolor intenso al principio y una silenciosa calma al final.

Mi inquieta, algo me inquieta al estar sola, al sentirme sola, al estar en la oscuridad, algo que no me deja dormir. Siento frío y calor, y escalofríos y siento como todo mi cuerpo tiembla y se retuerce. Solo quiere liberarse, pero, ¿de qué?

Y lloro y me siento impotente, quiero hacer tantas cosas y a la vez no hago nada. Quedarme todo el día en casa, noche y día enrollada en una manta que parece que me va a proteger de aquello que ha de venir y miro, miro a la nada, la mirada se queda perdida mientras el cigarro se va consumiendo lentamente.

No soy capaz de ponerle palabras a la mayoría de cosas que me pasan y siento. Solo quiero cerrar los ojos y no volverlos a abrir. ¿Qué me pasa? ¡Esta no soy yo!

No debo quedarme sola. Eso me provoca querer hacerme más daño, más heridas, así que debo salir de casa, enfrentarme a la realidad. Pero no, no puedo, no quiero. Solo quiero, aunque suene contradictorio, quedarme sola, encerrada, bajo las sábanas, sumergida en la oscuridad. Y todo me da miedo, la realidad, mi mente, mi incapacidad… así que solo pienso en hacerme daño, en que cortarme es lo mejor, me hace sentirme bien. Y mi mente se ve así misma saltando desde el balcón… pero no lo haré, sé que no lo haré, no es lo quiero. ¿Pero qué me pasa?

Estoy inquieta, mi cuerpo me molesta, no es cómoda mi piel. Y no puedo respirar y solo me ahogo al pensar.”

Ella tiene una historia de trauma y se autolesiona. A pesar de estar sobrecogida, me maravilla su capacidad para expresar su dolor. Por ella y por much@s más me decido a escribir este artículo

¿Qué son las autolesiones?

Cuando hablamos de autolesiones nos referimos a todas esas conductas que dan lugar a un daño físico o herida en el propio cuerpo o partes del mismo.

Las autolesiones se caracterizan por realizarse de manera intencional, la persona es consciente del daño que se quiere ejercer, son reiteradas, es decir, en la mayoría de los casos se dan en más de una ocasión. Por último, su objetivo no debe ser el suicidio.

Para que podamos hablar de autolesiones, éstas no deben aparecer como respuesta a alucinaciones o en presencia de diagnósticos como autismo o retraso mental grave.

Asimismo, las autolesiones suelen ir ligadas a la falta de control de impulsos y a la sensación de alivio resultado del acto agresivo.

Cuando nos referimos a autolesiones debemos excluir cualquier otro daño provocado de manera indirecta como el consumo de drogas, o los cambios en la superficie de la piel que están aceptados socialmente, véase tatuajes, piercings o autolesiones en el contexto de un ritual religioso.

Un incremento progresivo de las autolesiones en las últimas décadas

En los últimos años, muchos profesionales y la población en general están poniendo su interés en las autolesiones. Esto se ha debido al incremento progresivo de estas prácticas entre adolescentes y adultos jóvenes en las últimas décadas y a las terribles consecuencias a las que pueden estar asociadas. El aumento de las autolesiones es un indicador alarmante de la pérdida de salud mental en la población en general. Después de años intentándolo, por fin, el último DSM-V ha incluido la autolesión no suicida como una nueva entidad diagnóstica que requiere más estudio. Será muy importante que se convierta en un diagnóstico definitivo en versiones futuras.

Un estudio reciente muestra que en Europa 1 de 4 jóvenes refiere haberse autolesionado alguna vez en su vida. Además, y lo que es más preocupante, en la mayoría de los casos estas lesiones son recurrentes.

Igualmente, en un estudio llevado a cabo en España se determinó que un 22% de los estudiantes evaluados se habían autolesionado alguna vez en su vida. La mayor parte de ellos refirieron que lo hacían para regular sus emociones.

En la población general, los cortes en las muñecas y antebrazos constituyen el método más prevalente.

Las autolesiones pueden darse a lo largo de todo el ciclo vital

Al hablar de autolesiones lo relacionamos con adolescentes y gente joven, sin embargo, las autolesiones pueden darse a lo largo de todo el ciclo vital, aunque es cierto que la proporción es más alta en esta franja de edad. Es conveniente conocer que ocurre a las diferentes edades para poder detectar precozmente los actos autolesivos.

En la infancia, las autolesiones son poco habituales y su aparición se asocia a síndromes más complejos como la esquizofrenia o el autismo.

La adolescencia es el periodo de más vulnerabilidad, la edad de inicio se encuentra entre los 10 y los 15 años, y normalmente, entre los 12 y los 16 años es cuando existe más probabilidad de autolesionarse. Probablemente, porque en esta época existen niveles elevados de impulsividad y reactividad emocional asociados a grandes cambios cerebrales. Las autolesiones disminuyen a partir de los 17 años, aunque en los casos que continúan se eleva exponencialmente el riesgo suicida.

Estamos hablando de un fenómeno que afecta principalmente a niños y adolescentes muy jóvenes, es decir, durante el periodo entre los últimos años de primaria y los primeros de la ESO. Se debería prestar especial atención a las conductas de los jóvenes de entre 11 y 13 años y poder concienciarlos sobre la existencia y las consecuencias de este tipo de prácticas. Hasta el momento se trata de una práctica bastante oculta o por la que los jóvenes no suelen pedir ayuda. Esto es una pena, porque en general los jóvenes que se autolesionan suelen presentar algún trastorno psicopatológico, y muchos de ellos necesitarían ayuda psicológica. Según los estudios hechos hasta el momento el 35% de los adolescentes que se autolesionan presentan alguna patología clínica.

La prevalencia de autolesiones decae en la edad adulta, sobre todo a partir de los 29 años donde el cerebro está más formado. Sin embargo, pueden darse en personas con depresión crónica.

Diferentes tipos de autolesiones

Cuando nos referimos a autolesiones no suicidas encontramos que los cortes en la piel, especialmente en los brazos y en los muslos, son los más frecuentes. A este tipo de autolesiones se las conoce como cutting.

Sin embargo, también se incluyen como autolesión otras muchas conductas que a veces no se tienen en cuenta como, rascarse en exceso, golpes autoinflingidos, inserción de objetos en el cuerpo (self-embedding), introducción o aspiración de objetos extraños a través de los orificios corporales y automutilación. Nader y Boehme (2003) además incluyen otras conductas que normalmente se atribuyen más a la torpeza o a la manía, como arrancarse costras, rascarse en exceso, devorar las cutículas y pieles, tricotilomanía…

Las autolesiones se promueven a través de foros y hashtags

La expansión de internet nos ha aportado muchas comodidades, pero también nos trae nuevos peligros.

Alrededor de los movimientos pro-ana y pro-mia, páginas, redes sociales y foros dedicados a promover la anorexia y la bulimia, ha aparecido en los últimos años el movimiento Pro-SI (Self-Injury), que propone autoinflingirse dolor como forma de afrontar el malestar emocional. En este tipo de páginas podemos encontrar a adolescentes refiriendo haber comenzado a autolesionarse a los 7 u 8 años, sin saber muy bien lo que hacían, pero como modo de calmar su malestar.

Las primeras aportaciones aparecieron en las páginas pro-anorexia y pro-bulimia, donde recomendaban ocasionarse algún tipo de daño para perder peso, es decir, promovían que el dolor ayudaba a adelgazar. A continuación, se presentaba el dolor como una manera de generar autocontrol sobre la sensación de hambre y como una manera de autocastigarse por haberse pasado en la ingesta.

Actualmente, las páginas Pro-Si, plantean el dolor y las autolesiones como una forma de aliviar los sentimientos de angustia, inestabilidad anímica, rabia contenida, sentimientos de despersonalización y disforia. El mayor problema llega cuando está conducta autolesiva se hace de manera repetitiva y se convierte en una adicción.

Asimismo, a través de internet hace poco tiempo se propagaron una serie de juegos como el juego de “la ballena azul” que estimulaba el comportamiento autolesivo entre los más jóvenes hasta llegar al suicidio, las autoridades acusan 130 muertes debidas a seguir este juego.

Además de estas páginas, en las redes sociales y más concretamente en Instagram, existe un lenguaje “secreto” que los adolescentes utilizan para referirse a estados de ánimo negativos que unen a las autolesiones. Según un estudio (Moreno, 2015), los hashtangs que suelen utilizar los jóvenes son los siguientes, #selfinjury, #selfharm, #mysecretfamily, #mysecretsociety123, #blithe, se trata de una palabra que los adolescentes utilizan cuando discuten sobre la depresión, cutting o trastornos de la alimentación, #cat, #deb, que significa depresión, #annie, que significa ansiedad y #olive, relacionado con el trastorno obsesivo compulsivo y #secretsociety123. El uso de estos pequeños hashtags les sirve para pertenecer a una comunidad muy extensa. La comunidad ejerce un efecto reforzador haciendo que las conductas autolesivas se fijen en su vida.

Las autolesiones se están expandiendo cada vez más entre los jóvenes, vivimos una situación alarmante. Este tipo de conductas nos debería advertir de que los jóvenes están teniendo serias dificultades para gestionar su malestar. Se sienten solos (aunque estén acompañados), sienten abandono emocional y no tienen estrategias saludables que les ayuden a resolver sus problemas. Por ello, están encontrando cierto alivio en las conductas autolesivas.

Como sociedad debemos dejar de mirar a otro lado y atender a las necesidades que los jóvenes actuales están planteando.

Autolesión como forma de calmar el malestar emocional. Funciones de las autolesiones

En los últimos años, muchos profesionales se han dedicado a encontrar el porqué del uso de las autolesiones. Las conductas autolesivas pueden utilizarse como mecanismos de defensa para sobrellevar una determinada situación o cumplir otras funciones a niveles personal o social. A continuación, verás 4 de las principales funciones de las conductas autolesivas del modelo tetrafactorial de Nock y Prinstein (2004).

1. Evitación experiencial o refuerzo negativo intrapersonal. Las autolesiones se utilizan para regular emociones que les desbordan. Es tal el malestar y dolor que sienten que tratan de reducirlo a través del daño autoinflingido. La autolesión les alivia el malestar.

2. Refuerzo intrapersonal positivo. También se pueden utilizar las autolesiones como generadoras de placer ante sentimientos de abulia. Las autolesiones aportan sensaciones nuevas y diferentes que les ayudan a salir de su apatía.

3. Refuerzo social positivo. La autolesión sirve para mostrar fuera, en su propio cuerpo como si de un lienzo se tratara, el gran malestar que están sufriendo por dentro. A través de sus marcas pueden buscar apoyo, atención, amor o protección de sus personas cercanas

4. Control intrapersonal o refuerzo negativo social. Los jóvenes que se autolesionan pueden ser exonerados de ciertas responsabilidades propias o externas. Esto se deben a la dificultad que como sociedad tenemos para gestionar el malestar de una persona que se autolesiona. Así, se opta por proteger e intentar apartarle de todo lo que le pueda generar más malestar.

Para otros autores como Taboada (2007) las autolesiones cumplen básicamente una función expresiva. Se utilizan para mostrar lo que no se puede decir con palabras

“Yo creo que soy adicta a las autolesiones, cada vez que me siento mal cojo una navaja y en mi piel marco cicatrices de soledad y del vacío que siento, creo que nunca lo dejaré”

El trauma y las autolesiones

Las autolesiones se han relacionado con el traumadesde el principio. Se ha hablado mucho de la relación de los actos autolesivos con el trastorno límite de personalidad. Aunque la relación es muy alta y las autolesiones se han considerado una característica del TLP, no solo se dan ante este trastorno. Tanto el TLP como las autolesiones pueden explicarse por una historia de trauma. Hay evidencias de la relación entre los ambientes abusivos, disfuncionales y ultraexigentes con el daño autoinflingido. En este tipo de ambientes los niños no son capaces de generar estrategias para afrontar las situaciones de estrés o tensión. Para que estas estrategias se desarrollen es necesario que exista un apego seguro, que vendría precedido por la sincronización y marcación de las emociones con cuidadores que puedan manejarlas de manera efectiva y positiva.

Aunque, es cierto, que no todas las personas que se autolesionan han sufrido algún tipo de trauma, en muchas ocasiones es suficiente con la invalidación de sentimientos o aprender que sus sentimientos son malos o no son permitidos, para que aparezca la estrategia de la autolesión.

Las autolesiones se han vinculado con personas que han sufrido abusos físicos y sexuales (Villalobos Parra,2013) o bullying (Mendoza y Pellicer, 2002). Mediante las autolesiones los jóvenes intentan disolver el trauma que sufrieron y que no pueden manejar internamente (Ansermet, 2015). Las heridas físicas les ayudan a alejarse de los recuerdos traumáticos, permitiéndoles, al representar el trauma, manejarlo externamente. En este caso, las autolesiones funcionan como un modo de control, de autocastigo, o como forma de evitar el suicidio. Al trasladar el trauma mental a lo físico las personas pueden reorganizarse mentalmente, evitando la depresión o la locura.

“Exacto, muchos dicen que nos queremos suicidar, pero en realidad solo es un escape a nuestro dolor”

Por esta razón, cuando acompañamos a niños traumatizados que utilizan las autolesiones para gestionar su malestar debemos tener mucho cuidado al confrontar este mecanismo, ya que puede que sea su única manera que tienen actualmente de regularse.

Como acompañar a una persona que se autolesiona

Desde la sociedad Internacional de Autolesión nos ofrecen una guía de tratamiento para poder ayudar a las personas que se autolesionan.

En primer lugar, es importante entender el porqué de las autolesiones, a través de las siguientes preguntas.

¿Le sirve principalmente para aliviar tensión?
¿Es una forma de concretizar una emoción?
¿Lo utiliza para sentir que está vivo?
¿Está tratando de comunicar algo?
¿Está buscando alivio de una experiencia dolorosa?

En muchas ocasiones tratar como primer objetivo que las personas se dejen de autolesionar puede ser contraproducente. Si el paciente no tiene otras estrategias para gestionar su malestar le estaremos desposeyendo de su única estrategia, dejándole completamente desamparado.

Por otra parte, el terapeuta deberá encargarse de dotar al paciente de un plan para poder manejar los impulsos autolesivos y de estrategias de gestión emocional que le permitan abordar sus conflictos de una manera más saludable. El terapeuta le abastecerá de herramientas para manejar las situaciones estresantes o angustiantes.

El terapeuta debe asegurarse de que el paciente que se autolesiona este protegido en un contexto mínimamente seguro antes de comenzar a confrontar este mecanismo de defensa. Igualmente, buscaremos un contexto de buenos tratos ofreciéndole atención médica que no ponga en juego su dignidad o autonomía. La hospitalización debe de utilizarse como último recurso y únicamente cuando el paciente está en riesgo del suicidio o de una autolesión severa (Dallam, 1997).

Para ayudar al paciente que se autolesiona podemos utilizar técnicas como el mindfulness para enseñarle a tener una conciencia plena sobre su propio cuerpo. Asimismo, a poder hacer una lectura de su cuerpo sin tenerle miedo a las sensaciones físicas.

Desde la Sociedad Internacional de autolesión se sugiere el uso de la relajación hipnótica siguiendo los siguientes pasos Malon y Berardi (1987)

1. Conteo de la respiración: se le pide que observe su respiración, contando lentamente cada inhalación profunda.

2. Imágenes positivas: se pone al paciente en estado de trance y se le pide que se visualice en un lugar tranquilo, agradable y relajante, haciendo algo que disfruta. Se mantiene esta imagen por un rato.

3. Efecto puente: después de que se ha conseguido el trance, se le pide al paciente que utilice sus sentimientos desagradables actuales para recordar otros tiempos de su vida en que se sentía de esta forma. Los recuerdos demasiado angustiosos como para hablar de ellos en un estado normal, a veces se pueden hablar durante un estado de trance.

Así mismo, es muy conveniente con personas que se autolesionan enseñarles técnicas de resolución de problemas y habilidades sociales, que les permitan afrontar las relaciones sociales de una manera más adaptativa.

Las autolesiones pueden tener diferentes funcionalidades, pero, sea cuál sea la función, deberíamos tomarlas como señal de alarma, para darnos cuenta que la persona que tenemos al lado está sufriendo un malestar que no está pudiendo expresar ni gestionar de otra manera. Nunca lo deberíamos ver como que únicamente quiere llamar la atención. Estas personas nos están queriendo expresar su dolor y como sociedad no podemos mirar hacia otro lado.

A pesar de la dificultad de este tema, debemos hablarlo con más libertad, sobre todo con los más jóvenes, para así, poder prevenir su utilización. Los jóvenes y especialmente las personas que han sufrido algún tipo de trauma necesitan ser vistos, acompañados y guiados para fomentar su resiliencia. Todos deberíamos poder sentir nuestro cuerpo como fuente de amor y placer.

“Las pesadillas se han ido, los miedos y las inseguridades se han diluido, ya puedo vivir sin que sean ellas las que viven por mí mientras yo simplemente intento sobrevivir día tras día. Ahora no, aquí me planto y pienso comenzar a hacer las cosas que yo quiero. Pienso salir, disfrutar del día mientras el sol calienta mí piel; un día de lluvia con esas pequeñas gotitas que acarician mi rostro y lo refrescan. Me siento viva. Después de tanto tiempo, puedo decir que estoy viva. Vuelvo a ser yo”

REFERENCIAS

Mónica Díaz de Neira, Rebeca García-Nieto, Victoria de León-Martinez, Margarita Pérez Fominaya, Enrique Baca-García, Juan J. Carballo.Prevalence and functions of self-injurious thoughts and behaviors in a sample of Spanish adolescents assessed in mental health outpatient departments(2015) Revista de Psiquiatría y Salud Mental (English Edition), Volume 8, Issue 3, 137-145

Sánchez Sánchez, T. (2018). Autolesiones en la adolescencia. Significados, perspectivas y prospección para su abordaje terapéutico. Revista De Psicoterapia, 29(110), 185-209. https://doi.org/10.33898/rdp.v29i110.196

Llull-Carmona, J., Francés-Sanjuán, N., Pascual-Calatayud, C., Roselló-Miranda, R., Morant-Luján, Y. y Ibáñez Soriano, E. (2017). Conductas autolesivas no suicidas: breve revisión. Conceptualización clínica y causas. XVIII Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría. Recuperado de: http://www.interpsiquis.com

Moreno, M.A., Ton, A., Selkie, E. y Evans,Y. (2015) Secret Society 123: Understanding the Language of Self. J Adolesc Health. 2016 Jan;58(1):78-84. doi: 10.1016/j.jadohealth.2015.09.015.

Vega D, Sintes A, Fernández M, et al (2018) Revisión y actualización de la autolesión no suicida: ¿quién, cómo y por qué? Actas Esp Psiquiatr 2018; 46: 146-55.

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